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lunes, 11 de marzo de 2019

Cabecita loca II


Cuando el narrador es una tercera persona: el personaje con punto de vista puede materializar su actividad mental mediante el pensamiento, el estilo indirecto libre o el fluir de conciencia.

Cada personaje con punto de vista utilizará una única actividad mental desde el principio hasta el final de la novela. Si varios personajes poseen punto de vista, referiremos cada escena o cada capítulo desde un único punto de vista. Elegiremos una opción (escena o capítulo).

Escena: unidad narrativa mínima. Unidad de lugar, tiempo, acción y punto de vista. Cambiaremos de escena siempre que uno de estos elementos varíe. Efectuaremos el paso de una a otra mediante un espacio activo en blanco.

Un capítulo consiste en un conjunto de escenas y una novela se conforma de un conjunto de capítulos.

Expresaremos el pensamiento (nivel narrativo 2) entre comillas angulares, latinas o españolas («»). Las encontraremos en insertar/símbolo. Trabajaremos su contenido en primera persona y en presente o en pasado, dependiendo de cada tesitura.

El estilo indirecto libre (nivel narrativo 2) consiste en un pensamiento carente de comillas. Trabajaremos su contenido en tercera persona y en presente o en pasado, dependiendo del tiempo de la narración. La voz del narrador y la del personaje con punto de vista se mezclan sin señales externas que permitan diferenciarlas. Sin embargo, nosotros (como autores) sí las distinguiremos.

El fluir de conciencia consiste en una libre corriente de pensamiento en el ámbito de la actividad mental (nivel narrativo 2). Admite la ausencia de puntuación, puntuación incorrecta y oraciones inacabadas. Su objetivo radica en mostrar como los pensamientos van de un lado a otro, la mayoría de las veces, sin un hilo conductor. Lo escribiremos en primera persona y en cursiva. Cada fragmento de esta actividad mental comenzará y concluirá párrafo.


Bueno, no nos demoramos más y damos paso a la página titulada La actividad mental en tercera persona.

martes, 8 de enero de 2019

¿Por qué es necesario que contextualicemos las escenas?


Un capítulo se compone de escenas. Cada escena supone una unidad narrativa mínima. Constituye una unidad de lugar, tiempo, acción y punto de vista. Cambiaremos de escena siempre que uno de estos elementos varíe y efectuaremos el paso de una a otra mediante un espacio activo en blanco. Desde el principio de cada escena el lector sabrá quién habla o piensa, dónde, cuándo y el punto de vista desde el que la referimos. Aunque utilicemos diferentes puntos de vista, conviene que relatemos cada una de ellas  desde uno.

Efectuaremos la contextualización sensorial, con un porqué, a lo largo de cada escena. Para llevarla a cabo, tendremos en cuenta los cinco sentidos y los dos sentidos internos. Estamos vivos porque percibimos el mundo que nos circunda mediante los cinco sentidos, y a ellos les aplicamos los dos sentidos internos. Nuestros personajes también estarán «vivos».

Vista, oído, olfato, gusto y tacto constituyen los cinco sentidos.
Imaginación y recuerdos conforman los dos sentidos internos.

Si nuestro argumento lo exigiera, también realizaríamos una contextualización social a lo largo de algunas de las escenas. Por ejemplo, podríamos mostrar hileras de mendigos por las calles principales de la ciudad donde se desarrolla la historia.

Las contextualizaciones sitúan al lector espacial, temporal, sensorial y socialmente. Así, si nuestro protagonista paseara de noche: habría edificios, coches, farolas encendidas, quizá otras personas, etc.


Bueno, no nos demoramos más y damos paso a la página titulada Las contextualizaciones y los detalles.