lunes, 15 de octubre de 2018

El motor de nuestra novela IV

Hasta ahora, hemos revisado cómo se elaboran las cadenas de acción de siete eslabones. Sin embargo, podríamos complicar de modo significativo las andanzas de nuestro protagonista con una cadena de acción de catorce eslabones.

Evidentemente, no utilizaremos este nuevo tipo de estructura si nos sentimos cómodos con el anterior. No obstante, convendría que lo tuviéramos en cuenta por si alguna vez necesitáramos echar mano de él.

A continuación, vamos a mencionar los catorce eslabones de la nueva estructura:

1 Situación inicial estancada.
2 Falsa ruptura (dentro de la situación inicial estancada).
3 Falso conflicto (dentro de la situación inicial).
4 Falso objetivo (dentro de la situación inicial).
5 Pequeña lucha por el falso objetivo con altibajos (dentro de la situación inicial).
6 Ruptura (dentro de la situación inicial).
7 Conflicto.
8 Objetivo.
9 Lucha por el objetivo con obstáculos crecientes.
10 Falso clímax (penúltimo obstáculo).
11 Falso desenlace.
12 Acontecimientos tras el falso desenlace (calma tensa).
13 Clímax (último obstáculo).
14 Desenlace.

Este esquema y el de siete eslabones nos brindan la posibilidad de trabajar cada obstáculo como una minicadena de acción.

Cada minicadena de acción se conformará de siete subeslabones.

Nota: Las minicadenas de acción también podemos concebirlas como estructuras independientes dentro de un argumento con el propósito de completarlo. Por ejemplo: creamos una minitrama para un personaje circunstancial con entidad a fin de revelar algún dato importante en relación con el desarrollo de alguna trama principal o secundaria.

Cada minicadena de acción, que conforme un obstáculo, será más potente que la anterior y más débil que la siguiente.

Cada minicadena de acción, trabajada como obstáculo, se erigirá en consecuencia de la anterior y en causa de la siguiente.

A continuación, vamos a mencionar los siete subeslabones de una minicadena de acción:

A Situación inicial estancada.
B Ruptura.
C Conflicto.
D Objetivo.
E Lucha por el objetivo con altibajos.
F Traba/tensión/clímax.
G Desenlace.

Si asimilamos los esquemas de las cadenas y minicadenas de acción, y los trabajamos con coherencia: poseeremos los conocimientos teóricos suficientes para realizar argumentos de calidad.

Bueno, no nos demoramos más y damos paso a la página titulada El argumento IV.

lunes, 8 de octubre de 2018

El motor de nuestra novela III

El comienzo de nuestro argumento es muy importante, y tiene que contener alguna expectativa. De este modo, despertaremos la atención del lector desde el primer párrafo.

Formularemos alguna pregunta implícita en las primeras líneas, y la mantendremos abierta hasta el final.

Por ejemplo: La mañana en la que Lucía iba a perder a su hijo, se levantó con un punzante dolor de cabeza.

Tras este inicio, podremos detener el ritmo de la narración; pero ya habremos captado la atención del lector: ¿qué le va a suceder?

Conviene que seamos conscientes de que el lector actual suele disponer de poco tiempo; por lo que debemos ir al grano. Si Alberto y Rocío (dos adolescentes) quieren huir para vivir su amor, y hasta la página cincuenta no ofrecemos alguna pista acerca de sus intenciones: el lector ya nos habrá abandonado mucho antes de llegar a ese punto.

Iremos abriendo y clausurando más interrogantes a lo largo del desarrollo del argumento. Lo importante es que todos queden cerrados al final, salvo cuando se trate de expectativas falsas.

No es necesario que formulemos expectativas en cada escena; sin embargo, resultaría beneficioso para nuestra historia que siempre hubiera un mínimo de dos o tres preguntas en el aire.

Además de las expectativas, para satisfacer las exigencias del lector contemporáneo necesitaremos:

1 Personajes sumidos en situaciones adversas, que consiguen superarlas y surgen a la vida: el Hombre puede cambiar su destino. Personajes excepcionales, que muestran las debilidades de la condición humana.

2 Lenguaje claro y sencillo. Lenguaje llano. Brevedad.

3 Capítulos de extensión breve.

4 Diálogos muy bien construidos y que inciden en el avance de las tramas, en detrimento de las descripciones.


Bueno, no nos demoramos más y damos paso a la página titulada El argumento III.

lunes, 1 de octubre de 2018

El motor de nuestra novela II

Para poder inventar un argumento, debemos observar de modo continuo la realidad que nos circunda e interpretar físicamente nuestros estados de ánimo.

Es decir: hemos de trasladar al plano de la sensorialidad nuestras tristezas y alegrías, e impregnarlas de recuerdos y de sucesos inventados. Así, podremos elaborar desde la concreción los estados anímicos de nuestros personajes.

Sensorialidad: los cinco sentidos y los dos sentidos internos.
Sentidos internos: la imaginación y los recuerdos.
Concreción: ¿qué forma física tienen las abstracciones?
Por ejemplo: una de las formas físicas del nerviosismo podría ser una respiración agitada.

Siempre que podamos recrearemos físicamente las abstracciones, excepto cuando la abstracción sea el modo más rápido de llegar a la mente del lector.

Nunca mencionaremos la abstracción y la recrearemos. Nuestro criterio artístico nos dirá cuál de las dos opciones es mejor en cada momento.

Tenemos que aprender a diseccionar nuestra realidad con ojos de escritor. Un escritor es capaz de percibir historias donde los demás solo ven rutina.

Debemos estar siempre alerta y cuando algo llame nuestra atención: nos preguntaremos ¿y si…? Aquí podría subyacer la semilla de nuestro argumento.

Tenemos que registrar los detalles de todas las situaciones que vivimos, para después completar las escenas de nuestras historias.

Si, por ejemplo, estamos en un hospital: cómo huele; cómo se comportan los médicos, las enfermeras, los otros pacientes, sus familiares; a qué saben las comidas, cómo visten los diferentes trabajadores, etc.

Una vez ejecutado este trabajo, procederemos a realizar un informe de la cadena de acción del protagonista. Esto es algo muy sencillo e importante.

Vamos a escribir dos o tres oraciones para cada eslabón (los enumeramos en la entrada anterior). Después: reflexionaremos sobre los obstáculos, y escribiremos una o dos oraciones para cada uno de ellos. Resulta más sencillo afrontar las dificultades a las que nuestro protagonista se enfrentará si conocemos el clímax y el desenlace.

A partir de esta cadena de acción, surgirán las de los otros personajes.

No conviene que nos extendamos mucho en estos informes.

Ellos serán las hojas de ruta que nos guiarán durante la elaboración del primer borrador.

Durante la fase del primer borrador, intentaremos recrear literaria y coherentemente los informes anteriores.

Decimos intentaremos porque nuestro manuscrito no empezará a tener rasgos artísticos hasta que no nos enfrentemos a su reescritura y a sus revisiones ulteriores.

En la fase del primer borrador: solo nos ocuparemos de escribir sin censurar nuestra creatividad. Ya modificaremos, cortaremos, añadiremos, etc., después.

Nota: Si decidimos trabajar una novela de corte intimista o existencialista, como El extranjero (Albert Camus) o La tregua (Mario Benedetti), es posible que solo necesitemos centrarnos en la cadena de acción del personaje principal. El resto de personajes los trabajaremos mediante fichas.

Bueno, no nos demoramos más y damos paso a la página titulada El argumento II.

lunes, 24 de septiembre de 2018

El motor de nuestra novela I

El argumento supone el motor de nuestra novela, sin un buen argumento nuestra novela nunca podrá echar a andar.

El argumento surge a partir del enfrentamiento entre el protagonista y su antagonista. El antagonista no tiene por qué ser un personaje; puede ser, por ejemplo, un miedo del protagonista.

El argumento, como decíamos en la entrada anterior, consiste en una fórmula prefijada.

Esencialmente, el argumento de una novela se configura mediante un conjunto de tramas. Y cada trama o cadena de acción sigue un esquema básico.

La trama o cadena de acción se divide en una serie de eslabones, y estos eslabones suelen unirse mediante una relación de causa y efecto.

Es decir, una historia se verifica mediante la relación subordinada de los elementos que la componen.

A continuación, vamos a enumerar los siete eslabones de una cadena de acción sencilla:
1 Situación inicial estancada.
2 Ruptura.
3 Conflicto.
4 Objetivo.
5 Lucha por el objetivo y obstáculos crecientes.
6 Clímax.
7 Desenlace.

Siguiendo este esquema: generaremos una estructura y captaremos la atención del lector. Si, además, vamos estableciendo preguntas durante su desarrollo: mejor que mejor.

Nota: Las preguntas que vayamos abriendo tenemos que ir cerrándolas (poco a poco). Al final, todas han de quedar clausuradas; excepto las preguntas que supongan expectativas falsas.

Si no cerramos una pregunta (nos referimos a una expectativa, no a una expectativa falsa), estaremos cometiendo un error. Una pregunta o expectativa que al final dejamos abierta constituye un cabo suelto.

Estas preguntas deberán ser sutiles. Por ejemplo: La mañana en la que Silvia perdería a su padre, se duchó y preparó café. Aspiró el aroma de la taza, sonriendo. Se puso una blusa roja y unos vaqueros, y se dirigió a la parada del veinticuatro.

Con comienzos de este tipo, atraeremos la atención de los lectores. Pues se formularán preguntas. En este caso: cómo y por qué lo va a perder, si estaban muy unidos y cómo va a afectarle a Silvia.

Tras haber formulado una expectativa o haber cerrado un obstáculo: podremos detenernos en anécdotas, descripciones y reflexiones con un porqué y una justificación. No deberemos recrearnos en estas detenciones.

Los momentos de calma de nuestro argumento son muy importantes; pero el lector solo los admite cuando intuye que algo relevante va a suceder después.

Por lo tanto, si describimos la tranquilidad de una situación cotidiana y no hemos trabajado previamente un punto de tensión: el lector no puede esperar nada y se aburrirá.

Conviene que nunca olvidemos la siguiente premisa: la mayoría de los lectores leen para entretenerse.

Bueno, no nos demoramos más y damos paso a la página titulada El argumento I.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Cerebro y novela

Según Javier de Santiago Guervós (Principios de comunicación persuasiva): cuando nos referimos al cerebro humano; hemos de tener en cuenta que no hablamos de un cerebro, sino de tres. Tres cerebros contenidos en una estructura única.

A continuación, vamos a mencionar los tres cerebros por orden de aparición:

Reptiliano.
Límbico.
Neocórtex.

El reptiliano (cuando éramos reptiles) regula las funciones vitales básicas como la respiración o el metabolismo de los órganos, las reacciones automáticas (instinto) y las conductas repetitivas. Se trata de la región más primitiva de cualquier cerebro.

Un reptil no investiga; cuando aprende una conducta, la repite hasta su muerte.

Por consiguiente: las ceremonias, los rituales y los comportamientos obsesivos podrían hundir sus raíces en el cerebro reptiliano.

El límbico (cuando éramos mamíferos poco evolucionados) constituye el cerebro emocional. Regula, por ejemplo, el miedo y la rabia.

El neocórtex (cuando nos erigimos en mamíferos evolucionados) constituye el cerebro racional.

La emoción se pone en marcha antes que el pensamiento, y de un modo completamente independiente a él. El sistema límbico puede reaccionar con un arrebato de rabia o de miedo antes de que el neocórtex se dé cuenta de lo que está ocurriendo.

Y lo anterior se debe a que el cerebro que regula la emoción es muy anterior al cerebro racional.

Primero sentimos, luego racionalizamos el sentimiento.

Es importante que sepamos que el cerebro humano trabaja reconociendo estructuras (estructura: previsibilidad) y asociando ideas. El cerebro necesita poder reconocer una estructura o patrón; pero al mismo tiempo requiere ser sorprendido. Por lo tanto, tendremos que dar una vuelta de tuerca coherente a las estructuras que utilicemos.

Sin embargo, nuestro cerebro no es capaz de trabajar si no recibe estímulos. Así que: hemos de estimular nuestra creatividad.

¿Cómo?

Pues leyendo, viendo películas, acudiendo a representaciones teatrales, a museos, a conciertos, quedando con nuestros amigos, etc.

Debemos tener siempre la antena puesta, aunque estemos descansando en el sofá, porque nunca sabemos cuándo va a saltar la liebre.

Entonces: cualquier proyecto que realicemos (sea de la índole que sea) debe estar dotado de una estructura coherente. Si no es así, nadie se interesará por él. No atraerá la atención de los cerebros de otras personas.

Nota: La estructura está al servicio del contenido; y nunca, al revés.

Y, además, iremos formulando preguntas cuya respuesta pospondremos. Las preguntas siempre suponen un reto para nuestro cerebro.

De este modo: con una estructura coherente y preguntas sutiles, mantendremos la atención del receptor.

La estructura de nuestra novela está constituida por su argumento (fórmula prefijada), y en su devenir: iremos imbricando preguntas indirectas y sutiles, cuyas respuestas no se verificarán inmediatamente.

Una vez que hayamos diseñado nuestro argumento: deberemos expresarlo bajo los parámetros de la claridad, la brevedad, la sencillez, el orden, la precisión, la agilidad y la belleza.

Ya que si lo edificamos con un estilo farragoso e ininteligible, el lector nos abandonará.

Un método casi infalible para atraer la atención de los lectores es la creación de párrafos y de oraciones breves, con longitudes variadas (dentro de la brevedad). De esta manera, otorgaremos dinamismo al texto.

Conviene que no utilicemos más de treinta y cinco palabras entre punto y punto. Si elaboramos oraciones excesivamente largas, el lector se perderá y se aburrirá.

Otro aspecto interesante en relación con el cerebro es la cuestión de los hemisferios.

El hemisferio izquierdo es el que rige la lógica y el derecho, la creatividad.

Como autores, tenemos que conjugar continuamente ambos hemisferios en nuestro trabajo.

La imaginación es importantísima para nosotros; no obstante, debe estar regida por la lógica y la coherencia.

Según Einstein: con la lógica podemos ir desde la a hasta la b; pero con la imaginación, a todas partes.

Bueno, no nos demoramos más y damos paso a la página titulada ¿Qué es una novela?

lunes, 10 de septiembre de 2018

Manos a la obra

Ya sabemos que queremos propalar a los cuatro vientos esa idea que ronda por nuestra cabeza día y noche.

Sin embargo, hemos de tener claro que una idea no puede sostener el peso de una novela. Es más, ni siquiera podría sustentar el de un cuento.

Así que: una idea no es una historia. Y una historia se conforma de diferentes ideas engarzadas de modo coherente.

Cuando tengamos esas ideas enlazadas, pensaremos en los personajes. Ya que, obviamente, sin personajes: no hay historia.

¿Qué quiere cada uno de nuestros personajes principales?

¿Qué acciones emprende para conseguirlo?

¿Qué necesita?

¿Cómo es físicamente?

¿Cómo es psicológicamente (su carácter)?

Además: trabajaremos su pasado salpicándolo con anécdotas; aunque muchas de ellas no las utilicemos después.

Los personajes darán vida a nuestras historias.

Esas historias que interpretan la esencia humana, una y otra vez, desde tiempos inmemoriales.

Esas ficciones argumentales que recrean una parcela de la realidad trascendiéndola.

Esas ficciones que nos ayudan a comprender a los otros y a nosotros mismos. Y es que nuestra vida sin la ficción resultaría bastante insulsa.

La ficción supone uno de los espejos que nos devuelve una imagen artística de los logros y fracasos de la condición humana.

Entonces: podríamos considerar que la ficción forma parte de la realidad, y la realidad forma parte de la ficción.

Por un lado: la ficción forma parte de la realidad al tratarse de un producto físico, psicológico y gnoseológico.

Se trata de un producto físico, ya que se verifica mediante un objeto: el libro.

Se trata de un producto psicológico; ya que plasma parte de la psicología del autor, y apela a la psicología de cada lector (Entendiendo la psicología como el conjunto de emociones, sentimientos y percepciones de cada ser humano).

Se trata de un producto gnoseológico (conocimiento); ya que refleja parte de los conocimientos del autor, y apela a los conocimientos de cada lector.

Y por otro lado: la realidad forma parte de la ficción, debido a que la ficción toma los elementos que la constituyen del mundo real. Lo cual ocurre, incluso, cuando nos referimos a la literatura de ciencia ficción y fantástica. Estos tipos de literatura interpretan lo desconocido partiendo de lo conocido (mundo real).

Y para concluir esta entrada, diremos que la literatura es algo mucho más serio de lo que a simple vista podría parecer; pese a que su finalidad fundamental sea la de entretener al lector.

Bueno, no nos demoramos más y damos paso a la página que contiene la Introducción de este blog.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Declaración de intenciones

Mi nombre es Carol Rial, y en este proyecto: vamos a analizar de manera teórica los componentes de una novela y cómo trabajar con ellos en la práctica.

Es frecuente que nos sentemos a escribir un cuento, un relato o una novela; y abandonemos la tarea en poco tiempo. Lo cual suele deberse a que carecemos de los conocimientos técnicos esenciales para llevar a cabo de modo exitoso un texto ficcional.

En el presente blog: intentaremos zanjar este problema, y ofreceremos soluciones útiles y meditadas a los principales obstáculos con los que la mayoría de aspirantes a novelistas profesionales solemos toparnos.

Y ya para concluir: esperamos que las informaciones de las páginas de este blog resulten inspiradoras para hacer realidad las novelas que todos llevamos dentro.

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