lunes, 3 de diciembre de 2018

¿Por dónde empezamos?

Como ya hemos dicho: el comienzo de nuestra novela será potente y contendrá un cliffhanger, que no cerraremos hasta el final.

No tenemos por qué empezar por el planteamiento. Podemos empezar, por ejemplo, por el final. Lo importante es que nuestra apertura contenga alguna pregunta implícita relevante para el desarrollo de los acontecimientos que referiremos después.

En el devenir de nuestro argumento siempre flotarán dos o tres expectativas. Entonces seleccionaremos los datos esenciales para su desarrollo, los ocultaremos e iremos dosificando su contenido. Así: mantendremos alerta al lector.

La novela policíaca y la novela negra se nutren del recurso del misterio o intriga para mantener la atención del lector.

Cuando trabajamos el misterio o intriga: tendremos en cuenta que el protagonista y el lector poseen la misma información, y juntos van descubriendo las claves para la resolución del argumento.

Tanto la novela policíaca como la novela negra comienzan del mismo modo: un crimen sin resolver, que el detective protagonista deberá investigar.

La novela negra supone una variante de la novela policíaca.

En la novela policíaca: lo importante es la resolución del crimen.

En la novela negra: el crimen supone un pretexto para diseccionar de manera naturalista los vicios morales y la corrupción de la sociedad en la que ocurrió el asesinato.

Ejemplo de novela policíaca: Muerte en la vicaría (Agatha Christie).

Ejemplo de novela negra: La muerte de Amalia Sacerdote (Andrea Camilleri).


Bueno, no nos demoramos más y damos paso a la página titulada: Los modos de referir un argumento.

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