lunes, 8 de octubre de 2018

El motor de nuestra novela III

El comienzo de nuestro argumento es muy importante, y tiene que contener alguna expectativa. De este modo, despertaremos la atención del lector desde el primer párrafo.

Formularemos alguna pregunta implícita en las primeras líneas, y la mantendremos abierta hasta el final.

Por ejemplo: La mañana en la que Lucía iba a perder a su hijo, se levantó con un punzante dolor de cabeza.

Tras este inicio, podremos detener el ritmo de la narración; pero ya habremos captado la atención del lector: ¿qué le va a suceder?

Conviene que seamos conscientes de que el lector actual suele disponer de poco tiempo; por lo que debemos ir al grano. Si Alberto y Rocío (dos adolescentes) quieren huir para vivir su amor, y hasta la página cincuenta no ofrecemos alguna pista acerca de sus intenciones: el lector ya nos habrá abandonado mucho antes de llegar a ese punto.

Iremos abriendo y clausurando más interrogantes a lo largo del desarrollo del argumento. Lo importante es que todos queden cerrados al final, salvo cuando se trate de expectativas falsas.

No es necesario que formulemos expectativas en cada escena; sin embargo, resultaría beneficioso para nuestra historia que siempre hubiera un mínimo de dos o tres preguntas en el aire.

Además de las expectativas, para satisfacer las exigencias del lector contemporáneo necesitaremos:

1 Personajes sumidos en situaciones adversas, que consiguen superarlas y surgen a la vida: el Hombre puede cambiar su destino. Personajes excepcionales, que muestran las debilidades de la condición humana.

2 Lenguaje claro y sencillo. Lenguaje llano. Brevedad.

3 Capítulos de extensión breve.

4 Diálogos muy bien construidos y que inciden en el avance de las tramas, en detrimento de las descripciones.


Bueno, no nos demoramos más y damos paso a la página titulada El argumento III.

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