lunes, 1 de octubre de 2018

El motor de nuestra novela II

Para poder inventar un argumento, debemos observar de modo continuo la realidad que nos circunda e interpretar físicamente nuestros estados de ánimo.

Es decir: hemos de trasladar al plano de la sensorialidad nuestras tristezas y alegrías, e impregnarlas de recuerdos y de sucesos inventados. Así, podremos elaborar desde la concreción los estados anímicos de nuestros personajes.

Sensorialidad: los cinco sentidos y los dos sentidos internos.
Sentidos internos: la imaginación y los recuerdos.
Concreción: ¿qué forma física tienen las abstracciones?
Por ejemplo: una de las formas físicas del nerviosismo podría ser una respiración agitada.

Siempre que podamos recrearemos físicamente las abstracciones, excepto cuando la abstracción sea el modo más rápido de llegar a la mente del lector.

Nunca mencionaremos la abstracción y la recrearemos. Nuestro criterio artístico nos dirá cuál de las dos opciones es mejor en cada momento.

Aprenderemos a diseccionar nuestra realidad con ojos de escritor. Un escritor es capaz de percibir historias donde los demás solo ven rutina.

Estaremos siempre alerta y cuando algo llame nuestra atención: nos preguntaremos ¿y si…? Aquí podría subyacer la semilla de nuestro argumento.

Registraremos los detalles de las situaciones que vivimos para después completar las escenas de nuestras historias.

Si, por ejemplo, estamos en un hospital: cómo huele; cómo se comportan los médicos, las enfermeras, los otros pacientes, sus familiares; a qué saben las comidas, cómo visten los diferentes trabajadores, etc.

Una vez ejecutado este trabajo, procederemos a realizar un informe de la cadena de acción del protagonista. Esto es algo muy sencillo e importante.

Vamos a escribir dos o tres oraciones para cada eslabón (los enumeramos en la entrada anterior). Después reflexionaremos sobre los obstáculos, y escribiremos una o dos oraciones para cada uno de ellos. Resulta más sencillo afrontar las dificultades a las que nuestro protagonista se enfrentará si conocemos el clímax y el desenlace.

A partir de esta cadena de acción, surgirán las de los otros personajes.

No conviene que nos extendamos mucho en estos informes.

Ellos serán las hojas de ruta que nos guiarán durante la elaboración del primer borrador.

En la fase del primer borrador, intentaremos recrear de modo literario y coherente los informes anteriores.

Decimos intentaremos porque nuestro manuscrito no empezará a tener rasgos artísticos hasta que no nos enfrentemos a su reescritura y revisiones.

En la fase del primer borrador: solo nos ocuparemos de escribir sin censurar nuestra creatividad. Ya modificaremos, cortaremos, añadiremos, etc., después.

Nota: Si decidimos trabajar una novela de corte intimista o existencialista, como El extranjero (Albert Camus) o La tregua (Mario Benedetti), es posible que solo necesitemos centrarnos en la cadena de acción del personaje principal. El resto de personajes los trabajaremos mediante fichas.


Bueno, no nos demoramos más y damos paso a la página titulada El argumento II.

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